miércoles, 4 de junio de 2008

UN MUNDO RARO




En medio de mis recientes vacaciones reflexioné sobre varios asuntos. Como por ejemplo que las cosas que nos pueden hacer más felices no cuestan dinero. Un abrazo, ver un amanecer o un atardecer, sentir el calor y las sonrisas de tus seres queridos, disfrutar de los regalos naturales que este hermoso planeta nos regala día a día, son alguna de esas maravillas que muchas ocasiones nos perdemos por creer ingenuamente que el éxito en esta vida está vinculado solamente con nuestro crecimiento económico y aciertos financieros.

Por supuesto que vivir cómodamente, sin preocupaciones por el dinero ayuda mucho. Que yo sepa no pertenezco a algún grupo de seres alados viviendo en una dimensión etérica sin necesidades humanas. Estoy aquí e igual tengo como muchos que trabajar para ganarme el sustento y traigo en mis genes la intención de sentar las bases para que mi descendencia viva cada vez mejor.

Eso implica una inversión seria de mi tiempo dedicada al trabajo. Y he ahí el gran dilema, la gran reflexión en medio de las vacaciones. ¿Qué es la riqueza en verdad? ¿Qué es el éxito ? Éxito es un término relativo como tantos que abundan en nuestra humanidad. Porque, lo que es éxito para mi no lo es para otro.

Sin embargo, yo pienso que el modo como estamos viviendo, no nos está haciendo felices como humanidad. Esa es mi humilde percepción. Acudimos a teorías, profundos estudios, complejizamos hasta lo más simple, para luego descubrir que en lo sencillo está la clave.

Nos hemos alejado tanto de nuestros legados ancestrales que pagamos fortunas por libros, videos, terapias que en el fondo lo que tratan de decirnos es que el poder yace en nosotros, en lo que pensamos, en lo que creemos, en lo que decimos, en la fuerza de nuestras acciones.

Pagamos fortunas para entender que comer sano, es comer natural (lo que hacían normalmente nuestras abuelas), que ser feliz y rico no es acumular riquezas materiales sino no depender de ellas.

Se nos puede ir toda una vida pensando que cada amanecer es igual y no hay mentira más grande.

Los humanos que veo en las calles, no tienen nada que envidiar a un grupo de hormigas. Aunque si podría encontrar diferencias por el tamaño de las ojeras.

Por otro lado este ritmo agitado nos desvía de reflexiones sobre nuestras verdaderas necesidades o sobre los conflictos profundos por los que atraviesa el vecino de enfrente o el de un país lejano de lo que menos nos estamos percantando es de que “algo más allá” está ocurriendo.

Compro la Revista Nacional Geographic de mayo y leo estupefacta que el Río Amarillo otrora uno de los ríos más importantes de China y del mundo está en un 50% muerto a causa de los desechos industriales. Este hecho ha movilizado a millones de personas, que se han convertido en desplazados en busca de tierra y trabajo.

Vi en el noticiero recientemente que Barcelona tuvo que importar agua para satisfacer las necesidades de sus habitantes.

Se habla por otro lado de un desabastecimiento mundial de alimentos mientras que en otros puntos se pierden las cosechas. Entretanto existen tierras áridas en donde no hay agua potable, escasea el alimento.

Los diferentes canales de televisión por cable son una muestra no sólo de cuan diferentes o avanzados somos sino de las prioridades humanas y de nuestra desconexión. Puedes al pasar un canal ver un desfile de modas en Praga, y en un instante cambiar a otro en donde poblaciones desfallecen de hambre sin que uno algo pudiera hacer inmediatamente. Es un mundo raro este, no cabe la menor duda.

Me pregunto entonces, ¿vamos en la dirección correcta? ¿Es que en serio estamos analizando si las acciones que estamos llevando a cabo como sociedad mantendrán a salvo al planeta?

¿Somos una sociedad exitosa?
Yo creo que estamos hipnotizados, nos movemos como las abejas, no paramos.
¿Qué es lo necesario y qué no?

Otras de los asuntos sobre los que reflexioné fue sobre el ego. Creo que gran parte de las guerras actuales provienen de problemas con él.

Hay quienes desean figurar, y cuando más de uno quiere hacerlo al mismo tiempo, se pierde tiempo valioso para resolver los problemas sociales. Yolanda Márquez, una gran humanista y docente en Venezuela me decía que El Yo no existe sin el otro, tu y yo conformamos el nosotros y no hay ningún conflicto cuya solución deje de lado el nosotros. Lo que me hizo pensar ¿Pero cuantos tu , yo , nosotros existen en el mundo diciendo “esto es mío”, mi verdad es la verdad, siempre tengo razón, etc, etc, etc?

El ego y la desconexión con nosotros, con el otro y con la tierra son a mi juicio los males de esta época en la que nos ha tocado vivir. Abunda la tecnología y en muchos casos los avances han contribuido con las mejoras de la humanidad, pero dolorosamente hay muchos otros casos en que esto no ha sido así, justamente por el ego, la desconexión con nuestra esencia y la falta de valores.

No quiero con esta reflexión decir que hay que despreciar los avances a los que hemos llegado como humanidad, que son muchos. Hemos logrado muchas cosas a lo largo de los años, pero no sé si como Juan Salvador Gaviota o como el pingüinito de happy feet me he preguntado que hay más allá de lo cotidiano. ¿A dónde vamos como humanidad?

A esta pregunta pues me responderé lo que podría haberme respondido mi abuela o mi profe Beatriz. “ Ya que tal vez no sepas a donde va la humanidad porque tienes el temor que no por muy buen camino, procura saber por lo menos hacia dónde vas tú"




1 comentario:

Eliana Quintero dijo...

Anita en cuanto a la pregunta conque cierras tu reflexión, "A dónde va la humanidad?" de pana que no quiero saber... En estos días me llegó por correo una aberración de tal magnitud, un programa de telvisión de origen japonés, que al verlo sólo logré decir tal cual abuela de antaño: "Fin de mundo".
un beso
Eliana Quintero