viernes, 2 de noviembre de 2007

Mientras más conozco a algunos seres humanos más amo a los perros


No encontraba mejor frase que describiera lo que sentí hace algunos días cuando me mostraron la foto de la perra "Linda" junto al cadáver de su dueño en el suelo de una peligrosa barriada caraqueña. El infortunado, un profesor de química de la Universidad Central de Venezuela quedó junto a su can atrapado en el medio de las lamentables y comunes balaceras en las zonas populares de la capital venezolana. Su mascota salió ilesa pero él no, agonizó por una hora mientras su perra no se separó de él, pese a que los tiros iban y venían por un enfrentamiento entre bandas. Me contó un testigo (el autor de la foto que muestro aqui) que la perrita ladró ferozmente a cualquiera que intentó acercarse a su amigo muerto. Ni los forenses la tuvieron fácil. La perra se mantuvo cerca de su amo. Cuando hubo que separarlos fue la cosa más desgarradora.


Al ver la foto, sentí su tristeza. La misma que sentí hace unos 13 años cuando me disponía a tomar un autobús para ir a la universidad. Un perrito yacía tirado en la vía. Junto a él estaba otro can que trataba de revivirlo. A mi esa escena nunca se me olvida. El grande de color marrón era custodiado por un inquieto chiquitín color blanco quien no dejaba de mirar a los humanos que pasaban a su lado, quizás preguntándose por qué nadie era capaz de hacer algo por su amigo. Yo me detuve un instante y lo miré a los ojos. Muchas cosas pasaron por mi mente sobre esta pasantía. En Caracas la vida parece no valer nada. Hay niños que mueren en sus calles, niños que ven apagar sus vidas en medio de cola de zapato para disipar el hambre y el abandono, ancianos olvidados que esperan la muerte durmiendo en las esquinas, sin contar las cientos de vidas inocentes que la delincuencia se lleva cada fin de semana en las llamadas zonas rojas, que quedaba de ese pobre can y de los tantos que son maltratados en la urbe caraqueña.


En ese instante sentí que este mundo es extraño y que lo que debía ser normal no lo es.


Otra historia que se ciñe al título de este escrito es la de Orión y la cual relato con datos recopilados por el diario El Nacional: El 15 de diciembre de 1999, las lluvias produjeron el triste deslave en el Estado Vargas que lo dejó bajo el lodo matando a decenas de personas.


Mientras algunos hombres y mujeres se ocuparon de saquear, dañar y obtener un beneficio personal, un protagonista que por sí mismo nunca podrá contar su historia rescató durante 3 días a 37 personas. Es Orión, un perro Rottwieller que aprendió a nadar en los ríos de El Avila que circundaban su antigua casa de Cerro Grande, en Tanaguarena, y cuya nobleza quedará para la historia.

La mañana del jueves 16 de diciembre, Mauricio Pérez Mercado y su esposa Aída Touseda se vieron obligados a abordar el helicóptero que los rescató del techo de su vivienda y a dejar a sus perros, Orión, Alfa y los ocho cachorros de éstos. "Yo lloré cuando vi cómo Orión se quedó aullando sobre la casa. La noche anterior estaba muy inquieto, al punto que nos llevó a la azotea", dice Aída.

Dos días después, Pérez Mercado -piloto de profesión- escuchó la noticia de un perro que había rescatado a dos niñas y luego un vecino le dijo que había visto a Orión. "Con un vecino y un amigo fuimos en helicóptero a buscar a los perros. Los encontré en lo que fue nuestra casa, al otro lado del río. Nos tiramos al piso y Alfa, Orión y yo lloramos de la emoción", señala Pérez Mercado.

Fue entonces cuando supo las hazañas de su perro. Su primer rescate fue una niña de 8 años -hoy huérfana- que estaba sujeta a un palo en el río. "El perro le tomó el brazo con la boca y la gente gritó porque pensó que la iba a atacar. Pero la niña entendió el mensaje y lo abrazó, hasta que él la sacó". Luego, se interpuso ante una joven de 14 años que trató de cruzar el río y fue arrastrada, hasta que Orión la salvó.

Cuando los vecinos vieron el comportamiento del perro, supieron que sería la ayuda para cruzar el río. Sujetos a una cuerda, abrazaban a Orión por el cuello, atravesaban el caudal y el perro regresaba solo a la otra orilla para cruzar con la próxima persona. Así evacuaron a 35 hombres, mujeres y niños.

Pérez Mercado recibió también llamadas de gente que contó cómo Orión guió a personas solas o en estado de shock hasta donde había grupos de damnificados. Orión se dedicó a salvar vidas humanas pese a que tuvo también su propia tragedia: sus cachorros murieron en la catástrofe.


Estas historias me hacen reafirmar lo que mis ancestros aborigenes siempre decían, somos parte de un todo, "hermanos son los ríos, los animales y la lluvia, hermanos somos todos , ¿no lo ves?, estamos todos tan unidos , en un ciclo sin final que eterno es" , ellos lo saben, nosotros nos dedicamos a atacarnos los unos a los otros. Que cosa tan rara, insisto.


Hay otra historia que deseo contarles y con la cual finalizo este escrito dedicado a nuestros hermanitos menores que se supone deberíamos cuidar.


Cuando vivía alquilada en una zona cercana a la Universidad, descubrí que mi vecina de enfrente era una heroína anónima. No había tenido descendencia y no sé si por eso o porque simplemente tenía un buen corazón, se dedicaba a rescatar a absolutamente todos los perros y gatos que veía abandonados en el sector. Los que no podía tener en casa los llevaba a un albergue y de su bolsillo les pagaba pensión hasta que conseguía a una familia idónea para adoptarlos. Algunos(as) en el edificio lejos de apoyarla , la atacaban decían que era una bruja loca. Ella tenía que combatir a los verdaderos(as) locos(as) que intentaban asesinar a sus mascotas cuando bajaban al estacionamiento.


Un día bajé del auto de una amiga para entrar al edificio, estaba oscuro y no me percaté que un gran perro (parecía un cruce de pastor alemán) custodiaba a una perrita que aullaba de dolor y que estaba agazapada en el rincón debajo de los intercomunicadores. Cuando me incliné para ver que pasaba, noté que estaba herida gravemente. Se podía ver en la herida de sus patas la carne casi despegada y los huesos. Parecía haber sido arrollada. El perro me rodeó y evitaba que entrara al edificio y aunque quizás muchos no me crean casi me empujaba a la perrita a ver si hacia algo, y lo más difícil de creer ese perro me habló con la mirada. Lo que se me ocurrió fue llamar a la vecina quien inmediatamente bajó con una jaulita de estas para transportar a los canes durante viajes y cual experta con un trozo de carne hizo que la perrita se metiera aunque a duras penas para poder llevarla al veterinario a unas cuadras de allí. El perro grande al ver que había logrado algo, se marchó.


Fui con la vecina al veterinario y mientras caminamos, me contó que ella había salvado al perro grande que custodiaba a la perrita herida. "Es el perro de un latero (en Venezuela un latero es un indigente que recoge latas de cerveza o refrescos para venderlas a los recicladores de aluminio y así poder sobrevivir). Un día ví que el latero lo golpeaba y como pude se lo arranqué de las manos. Lo llevé para que sanaran sus heridas", dijo ese ángel que era mi antigua vecina.


Eso hizo que inevitablemente llegara a la conclusión de que el perro grande había planeado llevar a la perrita hasta allí. Él sabía que en mi edificio vivía alguien que podía hacer algo por su amiga y no se marchó hasta que vió que así sería. ¿Cómo la trasladó hasta allí? ¿Cómo era posible? Muchas preguntas y aún no muchas respuestas.


Lo que si hubo fue un final feliz del que fui testigo. La perrita a quien llamamos "patitas" se salvó milgrosamente. Los primeros pronósticos era que perdería sus patas traseras, pero inexplicablemente y gracias a la vecina y a los médicos, y agrego también al Amor, se repuso a una delicada intervención quirúrgica. Hoy vive feliz con una familia que la consiente. Nunca supe más del perro grande quien por cierto no abandonó al latero y quizás deambula por las peligrosas calles caraqueñas fiel a su amo.


He tenido algunas otras experiencias que me hicieron comprender que existe la comunicación entre humanos y animales. Creo firmemente que ellos entran en eso de amar al prójimo.


Por otra parte cuando supe que mi vecina existía y que así como ella también otras personas, y otros ángeles que salvan personas y ecosistemas, bueno amé a la humanidad otra vez y entendí que todos podemos hacer algo, aunque creamos que no hacemos mucho, no importa nunca debemos dejar de intentarlo.


3 comentarios:

Eliana Quintero dijo...

Increíbles todas esas historias de perros. Y muy interesante la forma en que las narras. En mi casa, en Puerto Cabello, siempre ha habido perros y gatos, pero nunca he tenido esa sensibilidad hacia ellos como la tienes tú. Te felicito!!!
Eliana Quintero

Leticia Gasca Serrano dijo...

Cuando inicié la lectura de este artículo simplemente no podía parar, es maravilloso. Yo comparto ese amor por los animales, y en especial por los perros.
Coincido contigo: nunca subestimes a un perrito, tenemos mucho que aprender de ellos.

Anaiz Quevedo dijo...

Eli me encanta que este articulo te haya hecho reflexionar sobre tus mascotas. Espero que ahora las mires con otros ojos.

Leticia, que bueno contar con tu feedback. Es maravilloso saber que hay muchas personas que definitivamente sienten respeto por nuestros "hermanos menores" (usando definición de nuestros ancestros y de Conny Méndez)
No estamos solos(as) y hay mucho por hacer.
Saludos desde Caracas, Venezuela