
Me toca andar en carro, a pie, en metro, transitar en Caracas para hacer mis cosas y en ese camino veo a la gente, oigo las preocupaciones en las cuales muchos(as) coincidimos.
Nos toca ser compañeros(as) en el tráfico, en la búsqueda de alimentos(tenemos que compartir datos para saber donde hay leche, café, pollo, caraotas, papel higiénico, aceite de maiz), en el querer llegar rápido a casa para compartir con los seres queridos.
Y me detengo en este último punto porque esta semana vi a mi bebé tan cansado y frustrado por llegar a casa y descansar que no puedo entender como gran parte de los humanos podemos pasar parte de nuestro tiempo queriendo hacer algo que debería ser vital.
Pienso que ya se hace urgente revisar los horarios laborales a la luz de una nueva realidad. No es posible dedicar una hora o a lo sumo dos para compartir con nuestros hijos(as). ¿ Qué clase de sociedad estamos construyendo?. La base del desarrollo es la gente, no hay de otra. Un empleado feliz, con energía piensa mejor, soluciona mejor y si no somatiza.
En Europa , especificamente en España, hay campañas a favor de estar a las 6 en casa. Aqui rogamos que al menos podamos llegar a las 7:30 de la noche, de contar con margen de tiempo suficiente para tener vida social, recrearnos y para ir a atender nuestra salud. Hubo un tiempo en el que solíamos llegar a las 6 de la tarde o antes, y no hablo de 1950 hablo de 1996 o quizás un poco después.
En la ciudad existen más de 300 mil automoviles más circulando desde el 2006. Hay al menos 11.000 unidades de transporte público, muchos están en mal estado y se accidentan. Más de 1.500.000 personas usan el metro diariamente, sin embargo, el sistema está colapsado. Caracas requiere una solución urgente. Y mejor no hablemos de los vendedores informales porque pese a los esfuerzos nos debatimos entre el derecho al trabajo y la fluidez petaonal, vehicular y espacios ordenados para la ciudad.
Cuando voy saliendo del edificio para ir al trabajo, me conmueve el llanto de los más pequeños. Están cansados(as), deben madrugar para llegar a sus guaderías y escuelas.
Y de regreso es la misma historia. Allí van con esas ojeritas que no olvido, van en el metro, en las camioneticas(transporte público).
Estamos viviendo para trabajar aún cuando no lo meditemos, ni nos amarguemos más de la cuenta por eso , los(as) venezolanos(as) nos caracterizamos por buscarle el lado positivo a todo y mantenernos optimistas, sino lealo en el Libro Guiness "somos el pueblo más feliz de la tierra".
En medio de las colas, especialmente de esas que parecen estar congeladas, hay quienes juegan dominó y otros que salen a conversar y colocan música, y no exagero en verdad.
Detrás de esa realidad están los derechos a ser humanos, a VIVIR, a conectarnos con lo que es realmente trascendente.
Aqui es famoso mi colega Alejandro Cañizales quien consiguió el rol de su vida, al aceptar andar en helicóptero para una emisora de radio y orientarnos cada día sobre tamaños, perfil, dimensiones, anécdotas y particularidades de las colas caraqueñas. Alejandro es el gran fiscal, el ojo que todo lo ve. Él sabe cuántos huecos hay, cuantos semáforos dañados existen en la ciudad y hasta cuánto se demoran los funcionarios de tránsito terrestre en acudir a un choque.
Por supuesto con ese ánimo que caracteriza al venezolano, disfrutamos el programa de las colas y hasta los niños y niñas son fans.
Claro hay realidades más dificiles para algunos otros(as) los de menos recursos que además del tráfico, deben sortear cientos y cientos de escalones y bajar del cerro hasta una primera parada. Allí hacen cola para tomar un rústico y llegar a una segunda parada de autobús en la que pueden pasar largo tiempo esperando un transporte. Si madrugaron, con suerte pescarán un autobús e irán sentados, sino les tocará viajar parados o llegar muy tarde. Muchos(as) después de esta travesía deben tomar el metro, gastan gran parte de lo que ganan para costear este largo peregrinar y llegar al trabajo.
Los padres actuales están casi que educando a nuestras futuras generaciones en una cola y a ratos. No es posible tanta ojera, tanto cansancio, tanto adaptarnos a reducir el tiempo con la familia.
En las clases de educación ciudadana y en las de moral, recuerdo que nos repetían y repetían:
"La familia es la base de la sociedad". Pero a estas alturas muchos en Caracas nos conformamos con ser familiares virtuales, o estrenar el término " familias en cuatro ruedas".